15 nov. 2011

Los encuentros ocasionales

          Las experiencias gratificantes se acumulan cuando viajas. Una de ellas es la de los encuentros ocasionales que se producen con los naturales del país cuando recorres un sitio arqueológico, curioseas por un mercadillo o simplemente vagabundeas al azar por una ciudad... las charlas entabladas en esos momentos, por intranscendentes o banales que puedan parecer en un principio, a lo largo de los años me han permitido establecer la conclusión de que por encima de las diferencias culturales, de la disparidad del nivel de conocimientos que existen hoy en día entre las sociedades, el aislamiento en el que aún se desenvuelven algunas de ellas por diferentes motivos y la enorme desigualdad socio-económica que separa al puñado de naciones “desarrolladas” del resto del mundo, los seres humanos compartimos una serie de aspiraciones que nos permiten identificarnos como iguales y empatizar positivamente, ¡incluso!, en el limitado tiempo de conversación que se suele compartir en un encuentro ocasional.
          Recuerdo el afán de Mae por poner en práctica sus rudimentarios conocimientos de inglés y su deseo de perfeccionarlos porque aspiraba a convertirse en guía turística y, así, poder contribuir en un futuro a la mejora de su bienestar personal y el de su familia…  como a Budy, le costaba comprender, ¡buen indonesio!, que yo vivía en un territorio continental y no en una isla y como, al mismo tiempo,  manifestaba un insistente interés porque le explicara cómo era eso de la energía solar porque se había enterado de que en Europa obteníamos electricidad de la luz… o a Luis afirmando que, a pesar de todas las dificultades y problemas tremendos  a los que se enfrentaban los peruanos como sociedad, la situación del país había mejorado y creía que iba a seguir haciéndolo y como afirmaba con rotundidad que a su hijo no le iba a tocar dormir en la calle como le había ocurrido a él tiempo atrás.
          El afán de mejora personal, de contribuir con nuestro esfuerzo al bienestar de los seres que nos son queridos, la fe en el futuro y la curiosidad ante lo desconocido son unos rasgos con los que me identifico a título individual como ser humano… Y a lo largo de las conversaciones que acabo de reseñar, y de muchas otras, he logrado en múltiples ocasiones identificarlos en mis semejantes y esta circunstancia ha sido, es y, espero, sea, la que me ha permitido empatizar con ellos más allá de las evidentes y enriquecedoras diferencias culturales que parecen separarnos.

2 comentarios:

Yo, intempestivo dijo...

Feliz encuento, Profª Cecilia. La seguiré con atención. Me parece una bella iniciativa.
Saludos cordiales.
K.

Cecilia dijo...

Aquí soy solo Cecilia, la profesora es solo mi faceta profesional